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Grimpada a Les Agudes

Informa: enDor

30-05-2009

Prosiguiendo la preparación para el ascenso al Aneto, este sábado se organizó una excursión para subir a la cima de Les Agudes en pleno Parque Natural del Montseny.
El objetivo principal era incrementar el nivel físico-técnico y aclimatar los músculos (y la cabeza) a las exigencias que nos esperan más allá del Valle de Benasque.



La totalidad del grupo quedó a las 8:00 de la mañana en el Coll de Sant Marçal para trasladarse al Coll de Sesferreres como punto de partida.
Con media hora de retraso, pues somos los CouBoys, se inició el ascenso atravesando bosques de hayas tupidos por un manto de hojarasca que hacia el caminar algo lento.





Salidos del bosque, y habiendo cruzado un campo de retamas envuelto de su inconfundible e intenso olor, se inició el plato fuerte de la jornada: el ascenso de la Cresta dels Castellets.
Tras un largo trayecto de “grimpadas” y descensos por rutas alternativas a la marcada en el mapa, pues el objetivo era iniciarse en la subida de peñascos, se llegó a la cima de Les Agudes.
Allí se dio acopio de los no tan ligeros desayunos llevados a cuestas tan largos ratos de sudores.







Tras un imperceptible descanso y habiendo disfrutado de las vistas del Parque Natural del Montseny, los excursionistas prosiguieron hasta la cima del Turó de l’Home por un trayecto harto más asequible; y dónde se deleitaron con otras magníficas vistas del Vallès Oriental.
“¿Dónde está Granollers?” fue la pregunta más comentada.


Otro breve descanso dio inicio al regreso. Con el cansancio en el cuerpo y las piernas en fase de fallida, se decidió volver por otra ruta para alcanzar Sant Marçal del Montseny.
Así empezó el descenso por las “pedregueres” del Serrat Llarg.
Largas laderas rebosadas de piedras sueltas hicieron el descenso lento y penoso: resbalones imprevistos, desmoronamientos de “pedrolos” y aferradas injuriosas a desventurados árboles solitarios.


Ya en suelo firme, el camino se transformó en otro espeso manto traicionero de follaje dónde las ocultas ramas secas provocaban algún traspié a los maltrechos caminantes.
La pista final llevó directo al punto de origen donde la agotada comitiva reagrupó los coches para volver a casa a comer pasadas las 16:00 de la tarde.
Más de uno descansó a pierna suelta por la noche pensando, aún satisfecho, que el entrenamiento sigue su firme marcha.